Editorial

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En esta idea hay una mezcla de ciudades reales e imaginarias. Imágenes como postales o secuencias de películas. Las ciudades reales mezcladas con las ciudades imaginarias; con la idea de ciudad que han tenido otros. Una película, una novela, una buena canción. La ciudad de Woody Allen, de Wim Wenders o David Lynch. La de Jack Kerouac, Paul Auster o Gonzalo Millán. La ciudad en la música de Tom Waits, Velvet Underground, David Bowie. La suma de todas esas magníficas ideas con mi idea más el lugar concreto donde caminan mis pies, se transforma en mi experiencia de ciudad. Entonces, no puedo evitar afirmar que en mi experiencia de ciudad hay una alta cuota de literatura. De literatura y fantasía. De despertar por la mañana y elegir el soundtrack para acompañar los pasos que debe seguir la historia que escribo caminando ese día.

Tengo amigos que trabajan desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana tras la barra de un bar. Fuman mucho. Otros que despiertan temprano en la mañana, hacen jogging y luego trabajan en una oficina hasta casi llegada la noche. Conozco gente que camina sin prisa, toma café, escucha vinilos y visita amigos. Están los que se mueven en bici; los que no se bajan del auto. Todos ellos viven ciudades distintas, aún cuando habiten la misma. Escriben distintas historias que inevitablemente se van tatuando como rutas sobre los mapas. Finalmente, son nuestras experiencias de ciudad las que dibujan la ciudad en la que vivimos. Gente más feliz hace una ciudad feliz, gente apestada hace una ciudad apestada. Quiero decir que hay una gran cuota de responsabilidad en hacer de nuestra ciudad más o menos agradable. Hacer de nuestra experiencia de ciudad una gran película, un gran libro o una gran canción. Escribir en ella una historia que nos guste.

Durante este mes, revisaremos distintas visiones sobre un mismo fenómeno. Conoceremos la ciudad de Mauricio Redolés, la del arquitecto Pablo Allard,  la del sociólogo Francisco Sabatini. Las opiniones de nuestros columnistas sobre lo que nos hace odiar o amar una ciudad. Las películas, la música y los libros que mejor nos hablan de ella. Así escribimos la ciudad que estamos construyendo.