La belleza de...

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 Me encanta leer a Beltran Mena y Andrea Palet en Artes y Letras, a Bisama en Revista de Libros, a Zambra en Cultura de La Tercera y a Garcés en LND. También a Navia y a Cavallo, pero prefiero las columnas que no hablan de temas contingentes, que no analizan los desaciertos del gobierno, prefiero las que tratan de nada en particular. Esas ventanas que nos hacen saber que a los demás les pasan cosas como le pasan a uno. La única cercanía que producen los diarios con quienes los leemos.

Pero de entre todas las columnas que se publican hoy en Chile, la que sigo como si se tratara una novela por entregas es la de Cristián Warnken. No por morbo, ni por entrar en esa catarsis colectiva que vino después de su columna "Clemente". Ni tampoco porque sea un retrato vivo de un duelo. Y esté escrita con una cercanía que conmueve, ni con un dolor contenido muy parecido al amor (Lo que ya es un regalo en un matutino de circulación nacional).
 
La sigo porque da una pausa en el día. Porque hay que tomarse su tiempo para leerla y obliga a hacerlo en papel, donde (lo siento) siguen publicándose las cosas que vale la pena atesorar.
 
De hecho, desde aquella primera columna del 27 de diciembre del año pasado que tengo un rito para leerla. Llego a mi escritorio, saco el cuerpo del diario y bajo a la cafetería para leerla afuera, donde no hay nadie, mirando al prado. Después me doy una vuelta por el jardín y vuelvo a la oficina. En la primera tuve que respirar hondo, en las otras sólo dar la vuelta y retomar el día.
 
La leo justamente por eso, porque desmorona el reinado de la inmediatez y el feedback y retrotrae al tiempo donde leer -incluso los diarios- era un rito, una espera, una calma y una reflexión. La sigo porque es casi lo único que se publica periódicamente hoy en Chile que requiere de un silencio después de la lectura. El silencio donde se completa lo leído.
 
Lo que hace la buena literatura a fin de cuentas.
 
La cuota de belleza de un jueves en la mañana. No ya la belleza de pensar. Sino la belleza de sentir.