RESEÑAS: Bellas letras, bellos libros

Por JOSÉ IGNACIO SILVA

Cuatro novelas sobre la belleza.

 

 La autora inglesa Zadie Smith (Londres, 1975) publicó en 2005 “Sobre la belleza”, una esperada entrega que hizo levantar más de una ceja al mundo crítico literario, dado el gran parecido con la trama de “Howard’s end”, la novela del gran E.M. Forster, popularizada por la pulcra versión cinematográfica de 1992, a cargo de James Ivory. Surgió ruido, y la palabra “plagio” (más significativa acá, imposible) se deslizó en más de algún lugar, aunque el propósito, según la autora, es hacer una actualización de la historia escrita por Forster en 1910. Tarea ambiciosa, monumental si se quiere.
Suspicacias aparte, la novela de Smith nos habla de dos familias, Belsey y Kipps, con visiones de mundo opuestas, pero cuyas vidas terminan entrelazándose, generando el conflicto. Así, las diferencias de orden intelectual y político entre ambos clanes, se ponen en entredicho y se superan por los lazos afectivos que surgen entre los respectivos integrantes, los cuales son retratados de forma hábil por Zadie Smith, destreza pictórica que es el gran fuerte de la novela, junto con la amabilidad de los perfiles y de la siempre necesaria cuota de un humor liviano, a lo Martin Amis. Una novela no de retratos, sino de afectos.


 Quién más adecuado que Umberto Eco (Alessandria, Italia, 1932), el sesudo y mundialmente famoso catedrático de semiótica y uno de los teóricos más recurridos de la literatura y el arte, para hablar de un tema amplio y asible por infinidad de lugares como lo es la belleza. “Historia de la belleza” (2004) es el nombre de esta entrega de Eco, que desnuda cómo “lo bello” ha invadido casi todos los rincones del quehacer humano, tomando diversos rostros, formatos y expedientes, y perdiendo, asimismo, la empaquetada e inalcanzable solemnidad de las obras del arte clásico.

Eco hace un recorrido de 2500 años, desde que lo hermoso era reverenciado casi al nivel de divinidad, hasta nuestros días en que la belleza ha sido utilizada y explotada como materia prima de la publicidad, herramienta comercial o una pancarta provocativa. El recorrido no es sólo un examen sobre qué era bello en distintas épocas de la humanidad, sino también es un cuestionamiento a lo que sucede en nuestros días, en los que la belleza tiene sus ideales trastornados.


 “La línea de la belleza” es la cuarta novela del inglés Alan Hollinghurst (Gloucestershire, 1954), escritor y ex editor del prestigioso Times Literary Supplement, que saltó a la fama mundial en 1988 con su libro “La biblioteca de la piscina”, un vívido retrato de la escena gay londinense a principios de los 80, a través de los ojos de un joven aristócrata. Este y otros libros de Hollinghurst le valieron sendas comparaciones con Scott Fitzgerald, Evelyn Waugh y Thomas Mann, lo que hizo crecer las expectativas respecto de su último libro, “La línea de la belleza”.

El escenario es bastante parecido al de “La biblioteca…” esto la década de los 80, lapso en que la conciencia del SIDA en el mundo aún no se ha agudizado ni trastocado la vida de homosexuales en todo el mundo. El libro relata la historia de Nicholas Guest, un joven provinciano e intelectual de 21 años, que es invitado a la glamorosa y deslumbrante mansión capitalina de Gerald Fedden, un adinerado y refinado político del gobierno de Margaret Thatcher, padre de un compañero de Oxford de Nicholas. Despampanado por el glamour y la opulencia de un mundo sofisticado, Nicholas abandona su inocencia y descubre una particular línea de belleza, la blanca de la cocaína. A la manera de los “Hermosos y malditos” de Scott Fitzgerald, el protagonista se hunde en un torbellino hedonista, que igualmente son balanceados con instantáneas que la educación refinada de Nicholas regala al lector, mezclando el relato de iniciación homosexual y el satírico y mundano retrato del Londres de principios de los 80.


 Yasunari Kawabata (1899-1972) regaló a la literatura universal uno de las obras más citadas si se trata de revisar la belleza tierna y precaria en las letras, “Lo bello y lo triste” (1965). Situada en Kioto, la historia trata de Oki Toshio, quien imbuido en una nostalgia insalvable, se traslada a esa ciudad para escuchar las campanas del templo en el Año Nuevo, y de paso, hacerle una visita a Otoko, sempiterna amada de Oki Toshio y madre de un hijo abortado, dedicada a la pintura, pero aún tan bella como Oki la recordaba. Otoko vive con una díscola joven (que a la vez es su amante), Keiko, que impone el contraste con su amoralidad, su sensualidad y una pasión juvenil desenfrenada, al mismo tiempo que se pone entre ceja y ceja la misión de vengar el sufrimiento de su maestra Otoko, seduce tanto a Oki y a su hijo, para provocar los celos de la esposa de Oki Toshio.

“Lo bello y lo triste” es quizás la obra cumbre de Kawabata, que poco después de obtener el Premio Nobel (el primero para Japón), se quitó la vida. Este es un libro que conjuga casi todos los valores que han consagrado a buena parte literatura japonesa y oriental hasta poco más de mediados del siglo XX (pues, no olvidemos por ejemplo, a Kenzaburo Oé), es decir, la nostalgia, la languidez del retrato de paisajes, el imperio de los sentidos y la tradición (a los que se vuelve tras el descalabro nipón en la segunda guerra mundial), el imperio de lo que se recuerda con melancolía, en sigilo y en silencio.


José Ignacio Silva
Acerca del Autor:
JOSÉ IGNACIO SILVA ANGUITA nació en Santiago en 1980.
Periodista, crítico literario y poeta. Poemas suyos aparecieron en la antología Voces Germinales (RIL, 2003) junto con otros poetas y narradores de la Escuela de Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales, entidad en la cual cursó la carrera de Literatura Creativa.
También ha publicado poemas en diversos sitios de Internet, y en el libro “Polutas Palabras” (Autoedición, 2007). Artículos suyos han sido publicados en los suplementos Artes y Letras y Revista de Libros del diario El Mercurio, y en el portal Crítica.cl. Se ha desempeñado como articulista y crítico literario de las revistas Grifo, Plan B, El Periodista y Plagio, publicación electrónica de la cual fue editor periodístico.
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